El negocio del rogue antivirus
El reciente artículo publicado por Brian Krebs (Security Fix) sobre la industria de los falsos antivirus describe una actividad altamente rentable cuyos márgenes harían palidecer de envidia a la mayoría de negocios legítimos. A estas alturas estamos ya todos familiarizados con estos falsos antivirus que utilizan técnicas de ingeniería social para instalarse en los ordenadores de los usuarios sin que éstos se den cuente e intentan asustarlos para que compren un software que en realidad no sirve para nada y que, además, no es más que malware. El surgimiento de nuevas oportunidades para utilizar técnicas de ingeniería social gracias a las redes sociales ha producido un aumento de las estafas criminales que emplean ‘rogueware’. Los grupos afiliados que han aparecido para distribuir este tipo de malware han creado su propia industria, con jugosos salarios incluso en esta época de recesión económica. La existencia de comisiones de 200,000 euros e incluso más no es ninguna excepción, como tampoco lo son los concursos que, dentro de esta industria, regalan automóviles de lujo, lingotes de oro y otros exóticos regalos a sus miembros más destacados. Krebs menciona al final de su artículo que la recompensa ofrecida por Microsoft por la captura del creador del gusano Conficker se eleva a poco más de la comisión que obtendría en un mes uno de los miembros de la industria ilegal de ‘rogueware’, por lo que es poco probable que resulte tentadora para ninguno de ellos.
PandaLabs ha publicado varios artículos sobre campañas en las que se intentaba comercializar falsos antimalware y los grupos que se encontraban detrás de las mismas. Sin embargo, dado que el malware es al fin y a la postre el factor más peligroso de esta ecuación, se lleva la parte del león en cuanto a la atención sobre dicho asunto. Según se descubran más detalles sobre el funcionamiento de este sistema de afiliados, seguramente llegaremos a la conclusión de que la amenaza que representan estos sistemas ha sido subestimada. Para empezar, dichos afiliados tienen total libertad para modificar las acciones del malware siempre que esto no afecte a lo que se reporta a los servidores de los afiliados. Esto significa que es posible añadir, a las ya de por sí inútiles y molestas infecciones protagonizadas por el falso antimalware, otro tipo de malware empleado para actividades criminales que puedan resultar en la pérdida de datos personales de las máquinas infectadas. Además, si la víctima del falso antimalware decidiese adquirir el “producto”, los datos de sus tarjetas de crédito serían enviados a sistemas de pago bajo el control de ciber-delincuentes. A partir de ese momento, sólo sería cuestión de tiempo que dicha información fuese comprada y vendida en el mercado negro.
Sin embargo, un negocio de este tipo necesita de una buena cadena de suministro, y por lo que parece, dispone de ella. Los ‘malos’ son capaces de poner en marcha un sistema afiliado en muy poco tiempo. Resulta del todo necesario que nos pongamos a pensar en formas de echar abajo la infraestructura de distribución de malware para poder frenar la fuente de ingresos de estos criminales. Muchos de los principios que fundamentan el capitalismo en el mundo real también se aplican al mundo del crimen digital. Cuantas más barreras haya que superar y exista menor potencial de beneficio, menos innovación y crecimiento habrá en la industria. La caída de McColo muestra que la distribución de malware puede verse afectada de forma negativa por los cambios que se produzcan en su infraestructura. Creo que resultaría muy beneficioso para todas las partes involucradas en este asunto apoyar a los individuos y organizaciones que se dedican a documentar las estructuras de las redes de distribución de malware y, sobre todo, establecer alianzas entre las empresas de seguridad, las agencias gubernamentales y las autoridades.
Aunque la lucha contra el malware supone mucho más que la suma de sus partes, está claro que la industria debería estudiar nuevas formas de neutralizar su distribución. Esto repercutirá sin duda en el bien de todos, menos en el de los ciber-delincuentes claro…
Un post de 
