…y los medios pueden ayudarnos
Reflexionaba en mi último post sobre la necesidad de que la cyber-seguridad se convierta en una prioridad. Creo que merece la pena completarlo con la ayuda que nos pueden aportar los medios de comunicación a la hora de concienciar al público general sobre este problema. La semana pasada se publicó el descubrimiento de una red de ordenadores zombies, controlada por una red de bots, llamada “Kneber”. Según las informaciones que se han difundido, ha infectado a 75.000 ordenadores en 2.500 organizaciones de todo el mundo, incluyendo cuentas de usuario de populares redes sociales. Kneber está basado en el famoso troyano Zeus, un ejemplar que apareció en el año 2007 y que lleva ya casi tres años infectando ordenadores.
En realidad, el número de PCs afectados es relativamente bajo, si lo comparamos con otras redes similares. Lo que marca la diferencia es la repercusión mediática que ha tenido. Tenemos que tener en mente que “lo que no se publica no existe para el público general”. Pero trabajamos en un sector complejo, y muchas veces es difícil distinguir qué es importante y qué no, también para los medios de comunicación. Uno de los criterios es el número de afectados, pero desde luego no es el único. Si se publican sólo los ataques masivos, se corre el riesgo de trasladar la percepción errónea de que nos encontramos ante hechos aislados cuando lo cierto es que este tipo de ataques son el día a día en los laboratorios de seguridad. Para que los usuarios entiendan la necesidad de estar bien protegidos y bien concienciados sobre la seguridad tienen que comprender que, además de los ataques masivos que conocen a través de los medios, existen a diario amenazas mucho menos masivas y más dirigidas cuyo objetivo es el robo de identidad o de datos, es decir, la obtención de beneficios económicos.
Detrás de estos cyberataques hay auténticas organizaciones que funcionan con una estructura, que ganan millones de euros todos los meses con un modelo de negocio desplegado a través de un canal que permite el anonimato y que hace difícil su persecución, por varios motivos: reclutamiento de “peones” que hacen el trabajo sucio y que dificulta el rastro a los verdaderos artífices de las estafas; falta de herramientas legales y de cuerpos de seguridad bien equipados para combatirlos, y descoordinación de los diferentes actores responsables de la seguridad a nivel internacional.
Las compañías de seguridad trabajamos para identificar las nuevas amenazas y ofrecer soluciones contra éstas a nuestros clientes, pero no es suficiente. Hoy en día, el cybercrimen está tan desarrollado y organizado, que según ofrecemos soluciones, o descubrimos redes como Kneber, sus autores son capaces de, en menos de 24 horas, rehacer los códigos de los bots y de los troyanos y volver a desplegar la red, burlando de nuevo los sistemas de seguridad.
En las conversaciones que mantengo con personas de la industria, de las administraciones y de los cuerpos de seguridad, solemos coincidir todos en que hace falta trabajar de forma conjunta si de verdad queremos hacer frente al cybercrimen. Pero no será posible hasta que no seamos capaces de concienciar acerca de las dimensiones reales del problema tanto a las administraciones, como a las empresas y a los usuarios. Y aquí los medios de comunicación juegan un papel importante como vehículos de información, concienciación y educación acerca de la seguridad. Es decir, pueden ayudar a incluir en la agenda la regulación contra el cybercrimen como una prioridad. Sólo de esta manera podremos hacernos un hueco en la mente de los usuarios y mejoraremos, entre todos, una situación que de momento empeora día a día.
